Este jueves, Gerd Faltings se convirtió en el primer alemán en ser distinguido con el premio Abel, considerado el «Nobel» de las matemáticas, un reconocimiento que le llega 40 años después de ser el primer matemático de esa nación en recibir la medalla Fields, otro «Nobel» de la disciplina pero para menores de 40 años.
La Academia de las Ciencias y Letras Noruega señaló que concedió a Faltings el galardón por sus contribuciones a la geometría aritmética.
«Sus ideas y resultados han reconfigurado ese campo. No sólo resolvió conjeturas que habían existido durante mucho tiempo, sino que estableció nuevos marcos que han orientado décadas de trabajo consecuente», señaló la Academia en el fallo.
La distinción, decidida por los cinco matemáticos del Comité Abel, va acompañada de con 7.5 millones de coronas noruegas (alrededor de 13.9 millones de pesos mexicanos), y se entregará el próximo 26 de mayo en un acto en la Universidad de Oslo.
El brinco a la fama matemática
Ante la noticia, el rector de la Universidad de Bonn, donde Faltings es profesor, señaló en un comunicado que este «ha revolucionado muchos campos de las matemáticas, especialmente la teoría de números, la teoría de superficies y las ecuaciones diofánticas, y ha marcado su desarrollo con sus innovadores hallazgos».
En particular destacó su resolución de la conjetura de Mordell, «un problema que había desconcertado a los matemáticos durante décadas» o, como se señala en el sitio del premio Abel: Gerd Faltings «ha viajado en la primera clase» de la comunidad matemática desde que demostró en 1983 la conjetura de Mordell cuando tenía 28 años.
Desde ese momento, la carrera de Faltings despegó: la Academia de Ciencias y Humanidades de Gotinga le otorgó el Premio Dannie-Heineman y en conoció a la también matemática Angelika Tschimmel, con quien contrajo matrimonio en 1984 (ella murió en 2011 a causa del cáncer).
En 1985, Gerd obtuvo una cátedra en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, donde nacieron sus dos hijas, Christina y Ulrike.
La lista de premios y reconocimientos que ha obtenido es larga; además de la medalla Fields, del Congreso Internacional de Matemáticos, se pueden destacar: el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz en 1996, que es el máximo reconocimiento científico en Alemania; el Premio Karl Georg Christian von Staudt en 2008; el Premio Heinz Gumin en 2010; y la Medalla Georg Cantor en 2017.
También recibió el Premio Internacional Rey Faisal de Ciencias en 2014 y el Premio Shaw de Ciencias Matemáticas en 2015, entre otros. Adermás, es miembro de varias academias en Alemania, así como de la Royal Society del Reino Unido y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
«Pensé que se me había pasado el tiempo para premios»
Gerd Faltings nació el 28 de julio de 1954 en Buer de Gelsenkirchen en una familia de científicos. De acuerdo con el sitio del premio, su padre era doctor en física y su madre en química. Si bien la física fue su primer interés, luego se decantó por las matemáticas «porque las cosas son verdaderas o falsas, no es cuestión de opinión».
Este jueves, sus amigos y colegas le invitaron a una reunión en línea sin decirle que el motivo era para comunicarle que había ganado el premio Abel.
Al conocer la noticia, Faltings pareció quedarse sin palabras. Alcanzó a decir que estaba sorprendido y encantado, y agregó: «No estoy acostumbrado a cenar con reyes».
Cuando se le preguntó si podía elaborar un poco más, dijo: «Me estoy haciendo viejo y pensé que se me había pasado el tiempo para ese tipo de premios, pero aparentemente no… Tendré que rentar un esmoquin».
Epílogo de jardinería
El premio Abel debe su nombre al matemático noruego Niels Henrik Abel (1802-1829), y fue establecido por el Parlamento de este país escandinavo en 2002.
«Director emérito del Instituto Max Planck desde 2023, Faltings continúa su investigación en geometría aritmética. Además de su trabajo, disfruta de la ópera, la jardinería y coleccionar vinos selectos (y, presumiblemente, de beberlos)», se señala en el sitio del premio Abel.


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