Durante julio pasado, la inflación general en México registró un descenso al ubicarse en 3.12%, logrando su nivel más bajo en los últimos seis años.
No obstante, este alivio macroeconómico no se reflejó de manera uniforme en todos los hogares, dado que el costo de la canasta alimentaria básica mantuvo una tendencia al alza, con una presión notablemente mayor en los entornos urbanos.
Según los reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el encarecimiento de los alimentos básicos en las ciudades superó el índice inflacionario oficial.
COMPORTAMIENTO DE LAS LÍNEAS DE POBREZA EXTREMA
Las Líneas de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI), que cuantifican el valor monetario de la canasta alimentaria, mostraron un incremento anual de 3.8% en el ámbito urbano y de 2% en el rural.
En términos monetarios, adquirir los alimentos mínimos necesarios por persona tuvo un costo mensual de 2 mil 545.72 pesos en las ciudades y de mil 894.69 pesos en el campo.
Aunque los precios siguen subiendo, el ritmo de crecimiento se moderó respecto a julio de 2025, mes en el que los aumentos anuales fueron de 4.3 y 2.9%, respectivamente.
FACTORES E INSUMOS QUE IMPULSARON EL ALZA
Los principales elementos que contribuyeron al incremento del valor de la canasta alimentaria fueron el consumo de alimentos y bebidas fuera del hogar, que subió 6%, además de productos agrícolas específicos como la papa, con un aumento de 62.3%, y la cebolla, que se encareció un 33.6%.
Estos tres rubros fueron los de mayor incidencia en el reporte del Inegi. Sin embargo, en la comparativa mensual de junio a julio de 2026, el costo de la canasta registró una contracción de 0.3% en zonas urbanas y de 0.7% en las rurales.
IMPACTO EN LA ECONOMÍA FAMILIAR
El impacto financiero para el sustento de las familias es significativo. Para que un hogar integrado por cuatro personas pudiera cubrir exclusivamente sus necesidades de alimentación en julio de 2026, se requirieron 10 mil 183 pesos mensuales en las ciudades y 7 mil 579 pesos en el sector rural.
Estas cifras evidencian que el gasto básico sigue enfrentando presiones considerables, a pesar de la desaceleración de la inflación general.
Por su parte, las Líneas de Pobreza por Ingresos (LPI) —que contemplan tanto los alimentos como una canasta de bienes y servicios no alimentarios— aumentaron 3.5% a tasa interanual en las urbes y 2.9% en el campo.
Bajo este esquema, para superar el umbral de la pobreza por ingresos, una familia de cuatro integrantes necesitó percibir mensualmente 19 mil 536 pesos en zonas urbanas y 13 mil 979 pesos en el ámbito rural.
Dentro de los servicios no alimentarios, los componentes que más incidieron en el cambio anual fueron el transporte público, la educación, la cultura y la recreación.


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