El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó este sábado que no hay «ningún lugar para la violencia» en Francia, prometió castigos para los autores de destrozos y saqueos en esta jornada de protestas por el encarecimiento de la vida, y pidió un «frente unido» contra «los que siembran el caos».
«Quienes han destrozado, atacado prefecturas y comercios y saqueado incluso nuestros ayuntamientos, serán perseguidos y castigados», escribió Macron en un mensaje en sus redes sociales.
El jefe del Estado aseguró además que habrá «un frente unido frente a los que siembran el caos, que sólo buscan derribar nuestras instituciones e impiden que aquellos que expresan pacíficamente sus reivindicaciones lo hagan».
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Las protestas contra el encarecimiento de la vida estuvieron acompañadas de enfrentamientos entre grupos violentos y fuerzas del orden, incendios y daños en edificios públicos y comercios en ciudades como París, Marsella, Lyon o Lille, entre otras.
La movilización reunió a miles de personas en todo el país —500 mil según el sindicato CGT—, a seis meses de las elecciones presidenciales, con reivindicaciones relacionadas con la inflación, el precio de los combustibles y la pérdida de poder adquisitivo.
El Ministerio de Interior informó de que hasta las 3:00 de la tarde, hora local, habían sido detenidas 272 personas.
En París, varios cientos de personas se enfrentaron a las fuerzas de seguridad en la plaza de la República antes incluso del inicio de la manifestación principal, donde manifestantes enmascarados se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y prendieron fuego a varios automóviles en la zona.
La cabecera de la marcha autorizada llegó posteriormente a la plaza de Clichy, siguiendo el recorrido previsto, mientras otros grupos se desplazaban por la capital sin autorización. Uno de ellos intentó llegar hasta el Palacio del Elíseo, en una zona expresamente prohibida para manifestaciones.
Para hacer frente a estos grupos incontrolados, las autoridades activaron la CRS 8, una unidad especializada en la lucha contra la violencia urbana.
En Lyon, la situación se agravó en la céntrica plaza de Bellecour, donde una oficina de turismo fue saqueada e incendiada, mientras los enfrentamientos entre grupos violentos y la policía –que hizo uso de gases lacrimógenos y de un cañón de agua– se sucedieron en varias oleadas, mientras los bomberos encontraban dificultades para acceder al lugar para apagar las llamas y los alborotadores vandalizaban comercios.
En Marsella, decenas de manifestantes forzaron las puertas del Ayuntamiento y entraron brevemente en el vestíbulo, donde causaron daños e hicieron pintadas, antes de ser desalojados por la policía. Durante el incidente, un busto de Marianne, símbolo de la República francesa, fue derribado y sufrió desperfectos.


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