«Ink», la cinta de Danny Boyle que inicia la Mostra de Venecia, retrata el origen de la posverdad

La cinta «Ink» nos remonta a 1969, cuando, por un lado, el ser humano puso por primera vez un pie en la Luna y, por otro, un magnate australiano resucitó el periódico londinense The Sun, sentando el origen de la llamada posverdad. Cabe hacer notar que ahora que están de regreso las misiones lunares, los medios noticiosos se enfrentan a la revolución de la Inteligencia Artificial.

«Queríamos hacer una película que tratara sobre el mundo moderno así que, aunque esté ambientada en 1969, la intención era que se sintiera actual», explicó el cineasta Danny Boyle en rueda de prensa sobre «Ink», la película que este miércoles inauguró el 83 Festival de Cine de Venecia y que recibió un cálido y entusiasta aplauso en su función de prensa.

«Ink» no es una simple película sobre las andanzas del millonario Rupert Murdoch y su histórico editor, Larry Lamb, interpretados respectivamente por Guy Pierce y Jack O’Connell, sino que entraña un ácido análisis sobre los orígenes de la desinformación de masa.

Boyle también comentó que uno de sus objetivos era retratar un tiempo que ya no existe, dominado por los influyentes periódicos de papel, lo que le permitiría ahondar en la evolución del periodismo y advertir acerca del futuro en que los gigantes tecnológicos se ciernen sobre los medios que tiene la sociedad para informarse.

«Creo que el periodismo es una de las fuerzas principales de toda civilización. El riesgo con los gigantes digitales es la sustitución del periodista por una Inteligencia Artificial que contará la verdad del poder que la ha creado», alertó el cineasta.

«Ink», escogida para inaugurar el 83 Festival de Cine de Venecia, conocido como la Mostra, es la primera cinta con la que Boyle compite por el León de Oro junto con otras 20 películas. La ganadora se dará a conocer el próximo 12 de septiembre.
La gesta de Murdoch y Lamb

«Ink» muestra a Murdoch en su conquista del decadente rotativo londinense The Sun y sus exitosos esfuerzos para resucitarlo como un medio nuevo, rompedor, caracterizado por un estilo irreverente, pero casi siempre éticamente reprochable, que eventualmente sacudió a la sociedad de la época y desafió a las estiradas élites mediáticas del país.

Murdoch y Lamb encontraron la receta: llenar cada mañana las páginas de aquel diario con titulares agresivos, noticias inverosímiles cuando no inventadas, desnudos y mucho sensacionalismo con el sólo objetivo de crecer en tirada dando a los lectores las historias que de verdad «deseaban».

Sin embargo la película de Boyle, adaptación de la homónima obra teatral de James Graham, pasa de un inicial tono mordaz y rebelde a uno mucho más lúgubre a medida que el éxito del nuevo The Sun aumenta. Porque la desinformación tiene consecuencias que no suelen ser buenas.

Además, en la cinta Claire Foy interpreta a Jules Davies, un personaje creado, según The Hollywood reporter, como una amalgama de ejecutivas y editoras reales que trabajaron a las órdenes de Lamb durante el ascenso del periódico.
Nuestras inquietudes actuales sobre la verdad

La cinta traza de este modo una suerte de vínculo directo con el mundo de hoy, dominado por grandes corporaciones digitales y redes sociales donde la desinformación y la mentira campean a sus anchas con catastróficas consecuencias para la sociedad.

«‘Ink’ refleja absolutamente nuestras inquietudes actuales acerca de la verdad», reconoció en la rueda de prensa Graham, que además de ser el autor de la obra teatral es responsable del guión de la película.
James Graham y Danny Boyle cuentan la historia de Rupert Murdoch y el surgimiento de la actual ola de desinformación.
James Graham (izquierda), autor de la obra de teatro «Ink» y del guión de la pelicula homónima posa en un embarcadero junto a Danny Boyle. Crédito: Reuters

Por su parte, Jack O’Connell (Lamb), destacó el proceso de documentación que llevó a cabo para entender aquel mundo «prehistórico» de los medios en su propio país y para sumergirse en los ríos de tinta que cada mañana emanaban desde Fleet Street, la calle donde se concentraban las sedes de los medios británicos.

De este modo, dijo, pudo entender el impacto que tuvo para la información su confluencia con el consumismo y el capitalismo y, sobre todo, el precio que se paga cuando el periodista «aparta sus valores morales para vender la privacidad de alguien como producto».
Pero Murdoch «no era un monstruo»

A pesar de todo lo anterior, el director de «Trainspottin» (1996) y «Slumdog Millionaire» (2008) aseguró que su intención —y la de la obra original— no era la de retratar a Rupert Murdoch como un «monstruo», dueño de un imperio mediático con la Fox Corporation al frente.

«Mucha gente lo hace pero creo que es importante saber que en aquel momento representó una bocanada de aire fresco en una sociedad británica que era muy rígida, enfrentando muchos prejuicios por ser australiano y sintiendo una profunda aversión por las élites, algo que personalmente yo también comparto», explicó el director.